Hemos venido subrayando que las innovaciones no se refieren solamente a los dispositivos técnicos también incluyen a las ideas que entran en circulación en el sistema social. En la entrada anterior presentamos como los signos de puntuación constituyeron la innovación que mejoró la lectura, en un prolongado proceso que duró muchos siglos en el mundo. En esta entrada abordamos el proceso de difusión que ha tenido una idea específica en las últimas décadas en el país. Se trata de la propagación de la noción de disminuir el número de hijos de la familia. En términos muy resumidos, esta idea fue transitando desde la concepción que muchos hijos podían aportar a la economía familiar, luego a aquella que tener muchos hijos significaba, o era causa de, pobreza sino se tenían suficientes recursos para mantener y desarrollar a la prole; y no sólo eran (y son) los recursos materiales, también representan el tiempo dedicado al cuidado de los pequeños, la entrega de afecto, el desarrollo intelectual, etc. En esa línea el Estado jugó el papel de agente de cambio en las políticas de planificación familiar que comenzaron a implementarse el año 1962, 1963. En las últimas décadas el proceso ha continuado influenciado por el estilo de vida marcado por la globalización económica y cultural. Ahora, las personas no sólo cuentan con mayor cantidad de bienes y servicios, también con más información con la cual poder hacer cambios en el comportamiento individual, grupal por medio de la imitación de nuevas ideas respecto a la conformación de familia. De esta manera en Chile han surgido fenómenos sociales similares a los de los países desarrollados. El tema toca el discernimiento y comportamiento individual y suscita interés debido a las consecuencias que crea al conjunto del país. El hecho sigue la lógica de aquella entrada del blog que puntualizó que, a veces, las motivaciones individuales pueden generar comportamientos colectivos imprevistos que afectarán al conjunto de la sociedad.
La entrada de hoy revisa la variación del número de integrantes del hogar nacional en los últimos treinta años. Estos antecedentes permiten analizar la difusión de la idea debido, principalmente, a los cambios económicos experimentados por el país. El análisis se fundamenta en los datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) del período 1990-2017. Desde 1990 la encuesta de hogares reúne periódicamente los datos de un conjunto de aspectos del hogar nacional, tales como, la educación, salud, vivienda, trabajo e ingresos y otros. La encuesta define que un hogar particular (es) aquel constituido por una persona sola o por un grupo de personas, con o sin vínculos de parentesco que hacen vida en común; es decir, se alojan y se alimentan juntas (habitan en la misma vivienda y tienen presupuesto de alimentación común). Se considera miembros de un hogar sólo a los residentes permanentes (…), aquellos cuya ausencia habitual de la vivienda no supera los dos meses (Manual CASEN, 1990). El hogar nacional lo estudiamos a través de los datos de la variable denominada número de personas en el hogar (numper). Los datos están disponibles para cualquier persona en el sitio web Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Poder disponer de estos datos (también) es un efecto del cambio socio tecnológico en curso en nuestra sociedad.
El Gráfico 1 presenta el porcentaje de hogares según el número de integrantes del período 1990-2017. La gráfica consigna a los hogares de uno a ocho integrantes, el 98% de los hogares nacionales. Las series del gráfico fueron separadas por color: las líneas azules muestran aquellos hogares que aumentaron su proporción y las de color verde a los hogares que disminuyeron el porcentaje. En el período aumentaron su proporción los hogares compuestos por uno, dos y tres integrantes y la redujeron los restantes. Los hogares con uno, dos y tres integrantes pasaron de representar el 7%, 14%, 20% a ser el 15%, 26% y 24% respectivamente. Su participación pasó de 41% a 64% del total de hogares. Además, se puede apreciar que los cambios corresponden, aproximadamente, a tendencias que se fueron manteniendo a lo largo del período, en otras palabras, las series que durante el período redujeron su participación conservaron la tendencia en cada una de las encuestas.

Fuente: Elaboración propia con datos de Encuesta CASEN, 1990-2017.
El Gráfico 1 muestra dos tendencias claras en el período de análisis. Los hogares con pocos integrantes (1-3) incrementaron su proporción y los de muchos integrantes (4-8) la redujeron. Los hogares que elevaron el porcentaje lo hacen siguiendo, aproximadamente, una Curva S, característica de los procesos de difusión de innovaciones. La curva surge porque la difusión de la innovación no suele avanzar linealmente, sino que va abarcando a nuevos grupos de población (su gráfica adquiere una forma semejante a la letra S). Ello significa que el grupo que adopta la innovación ve en otro grupo una idea que puede imitar, adoptar. En el Gráfico 1 se observa la fuerza que fue obteniendo la idea que dio soporte a la decisión de las personas de disminuir el número de integrantes de la familia, representada por las líneas de color azul.
En la vista general del gráfico se aprecia que, en el período analizado, los hogares de menos integrantes (1-3) elevaron su proporción, mientras los hogares con más integrantes (4-8) fueron disminuyendo su porcentaje. En el año 1990 el promedio de integrantes por hogar era de 4,1 y, en el año 2017 era 3,1. Una observación significativa es que los 3,1 integrantes por hogar pueden representar a un hogar que está compuesto por el padre/madre y 2,1 hijos, o bien por el padre y la madre y 1,1 hijos. Esto no es trivial, porque la tasa de reemplazo demográfico es 2,1 hijos por mujer y se entiende como el número mínimo de hijos que una mujer puede tener sin que disminuya la cantidad de población del país (al que se considera un sistema cerrado, es decir, no ingresa población desde fuera del país o migración). Por otra parte, la tendencia observada no sólo se circunscribe a la estadística demográfica, también plantea desafíos a la nación en otros ámbitos, por ejemplo, la vivienda. Entre 1990 y 2017 el incremento de la población fue del 37,4%, mientras el aumento de los hogares fue de 82,2%. Estas cifras permiten dar sentido a los problemas habitacionales que hay en Chile. Asimismo, el aumento de la proporción de familias pequeñas plantea nuevos requerimientos relacionados con la calidad de los servicios sociales. Un ejemplo es la calidad de la educación. Por otra parte, la reducción del número de personas por hogar afecta a la estructura de población nacional y tiene efectos en el envejecimiento de población, que (ya) implica la disminución del tamaño de la fuerza de trabajo en el corto y largo plazo. Y las consecuencias sobre el soporte generacional que los jóvenes brindan a los mayores una vez que han jubilado. Por lo tanto, las decisiones individuales sobre el número de personas que integran el hogar tienen consecuencias para el conjunto de la sociedad. En la lógica de interpretación de Shelling (1971), diríamos que, esto significa que hay situaciones en que las pautas individuales de comportamiento, aun sin proponérselo, conforman dinámicas de interacción que derivan en comportamientos sociales que se ven inesperadamente alterados por las motivaciones individuales, generando consecuencias que no son necesariamente positivas para el conjunto. Y que en algún momento tendremos que resolver.

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